Agoniza sin atención madre de todos los colombianos

Laguna de Iguaque
Foto cortesía: Parquesnacionales.gov.co

La Laguna de Iguaque yace moribunda ante la mirada impasible de los colombianos. Se ignora ampliamante la significación mítica y biológica de esta madre primigenia.

Irónicamente, el 22 de marzo de este año se celebró el día mundial del agua mientras los colombianos recibíamos con bastante indiferencia y preocupante desconocimiento, la noticia sobre la muerte de una de las madres primigenias de nuestro país; una veterana y mítica mujer, merecedora de todo el respeto y la solemnidad que le confieren sus muchas centurias de edad. Es perentorio dedicar unas letras en honor a esa madre olvidada y recordar a aquellos desconocedores la historia de la Laguna de Iguaque, cuyo nombre significa “Cuna de la Humanidad”. Esta fuente de vida fallece hoy en medio de las llamas que amenazan con su sequía definitiva.

Iguaque es una de las siete lagunas que coronan la delicada cadena montañosa que se yergue sobre el Valle de Zacanzipá, ubicado en el departamento de Boyacá a unos cuantos minutos en carro desde Villa de Leyva. Cuenta la mitología de los muiscas, habitantes de estas tierras antes de la llegada de los españoles, que de las entrañas de Iguaque nacieron Bachué, madre de los muiscas, y su hijo, símbolo de la Ley. Paralelamente, aparecieron la luz y todas las cosas. Al pasar el tiempo, de la unión de Bachue y su hijo surgió la especie humana. Iguaque –abuela y madre- y Bachué -hija y madre-, como entidades divinas, son dos de los primeros espíritus femeninos que se asentaron sobre el territorio colombiano. Aquellos pueblos originarios que las deificaron asociaban la feminidad con el equilibrio, la fertilidad, la estabilidad y la apacibilidad. Por ello, el niño Ley requería estar acompañado por el principio de permanencia que le significaba su madre, con miras a mantener el orden y la justicia en el mundo.

Según informes de diferentes organismos regionales colombianos, en el presente año 28 ríos de gran caudal y 9 lagunas del país (incluyendo a Iguaque) están al borde de la desaparición a causa de la contaminación, la tala de bosques y los incendios en sus alrededores, la construcción de presas y embalses, el calentamiento del ambiente y el uso indebido de sus cauces, principalmente. Esta noticia apareció simultáneamente al último reporte de la organización española World Wide Foundation/Adena; allí se constata que varios de los principales ríos del mundo se están secando debido al imprudente y mantenido accionar humano. El Yangtze, el Indo, el Ganges, el Danubio, el Nilo, el Rio Grande y el Rio de la Plata, entre otros, podrían desaparecer en pocos años. Situación nada halaguëña si consideramos la vital dependencia que tenemos los humanos con respecto a los yacimientos hídricos y los altos riesgos de escasez de este recurso, lo cual amenaza en lo venidero al planeta Tierra y a todos sus habitantes.

Hoy, cerca de 1200 millones de personas carecen de acceso confiable a agua potable y se espera que la cifra ascienda a 3500 millones de personas en 2025. Sumado a ello, para entonces, habría una demanda de agua 56% superior a la oferta disponible. A este ritmo, no resultarían ser disparatados en absoluto los pronósticos de aquellos ecologistas quienes sostienen que para el año 2050, si continuamos con nuestro estilo de vida y nuestros hábitos de consumo, necesitaríamos dos planetas Tierra para sobrevivir.

A todas luces, es inaceptable que los colombianos no hayamos tomado conciencia de la dimensión de estos asuntos. Recientemente, la Defensoría del Pueblo declaró que 80% de la población colombiana carece de suministro seguro de agua apropiada para el consumo. El agua se perfila claramente como un derecho humano fundamental; es menesteroso abandonar su percepción como una mercancía privatizable. La protección de las fuentes hídricas de este país y una equitativa distribución de este recurso deberían ser prioridad y política de Estado desde hace muchos años. Seguramente, algunos creen que la Seguridad Democrática hará llover de manera milagrosa agua a cántaros del cielo. Recordemos que Colombia llegó a ocupar el puesto número 4 entre los países con mayores recursos de agua dulce en el mundo al comenzar la década de los noventa; paradójicamente, hoy no estamos entre los 10 primeros lugares. Hemos de reconocer que los colombianos no tenemos conciencia ecológica.

La pérdida de Iguaque es una señal contundente de la grave situación actual tanto a escala doméstica como internacional. Estamos dejando morir, sin espabilo, con desidia e ignorancia a una de nuestras primeras madres. Es menesteroso respetar y cuidar a Iguaque (así como a las demás lagunas, ríos y reservas hídricas) que es a la vez madre y fuente de vida. Ella es portadora de fertilidad, estabilidad, serenidad y nutrición; condiciones que reclama un país de fuego y sangre, de hambre y de muerte. Los flagelos de la guerra, la salud y la pobreza piden a gritos una madre que traiga sosiego y abundancia. Apelando a la sabia mitología muisca debemos reconocer que Iguaque representa a la Madre Tierra y de su seno nació la especie humana: su muerte no es tema baladí.

Preocupa que pronto Xué, el Dios Sol, expanda sus extremidades de calor abrasivo e imparable. Su poder arrecia y podría imponerse de manera aplastante ante la pérdida de la abuela Iguaque y una inconsolable Bachué quien eventualmente, de luto y profundamente triste, todavía tendría muchos hijos a quienes cuidar.

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Texto por: A. Otálvaro

Enlaces recomendados: Parquesnacionales.gov.co, Wikipedia.org, Ewakulak.com, Fotos en Flickr.



2 comentarios a “Agoniza sin atención madre de todos los colombianos”

  1. dinamita dice:

    esta muy bueno el articulo…me quedo impresionada de la ignorancia en la que vivimos…

  2. beatriz helena chavez dice:

    me gusto su comentario yo soy muisca y ese es uno de nuestros sitios sgrados donde nuestros ansestros hacian rituales de purificasion

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